Se busca con el proyecto un gesto reconocible, contundente que no gratuito, que exprese la comprensión dual de la función del edificio, y que incorpore las ventajas de una localización privilegiada: el Parque del Retiro. Al definir un espacio para la cultura, contenido y que responde de forma simple a las necesidades de un auditorio limitado, controlado y climatizado y de un espacio de exposición abierto al público y de fácil acceso, el proyecto dibuja otro espacio para la fiesta civica, abierto al parque pero con una envolvente que lo delimita espacialmente y le da escala.

La estructura porticada de toldos que dejan entrever los árboles del parque, enmarca un espacio interior pero totalmente abierto al exterior, pensado para el descanso y la contemplación, la discusión y la celebración de posibles eventos al aire libre, mezclando la función institucional del pabellón con la vida cotidiana del parque. El proyecto contempla los condicionantes inherentes de presupuesto y tiempos de ejecución; también responde, en la medida de lo posible, a la utilización de elementos prefabricados alquilables, como son las gradas, el mobiliario o los propios toldos.

 

Se procura controlar el consumo energético, tanto con el control climático que supone la estructura de toldos, como con la definición de un espacio cerrado y compacto para el auditorio y la zona de exposición. Así mismo, se ha trabajado con un sistema de circulación extremadamente sencillo, para facilitar la visita al pabellón pero permitir el control de acceso al auditorio. A pesar de que la estructura de toldos supone una total apertura al público y al parque, la definición de una base compacta admite cerrar completamente el pabellón por las noches. La capiculación de dos espacios de caracteres contrapuestos busca la solidez necesaria para un pabellón expuesto a grandes flujos de circulación peatonal mientras ofrece la calidad espacial de un toldo sevillano colocado como observatorio privilegiado del parque y sus follajes.